Por: Juan Noé Pérez Sántiz
Artesano del papel picado.
Al caminar por esta bella ciudad, entre sus calles, avenidas y antiguos barrios —así como en sus colonias populares—, nos damos cuenta de que la fiesta patronal está por iniciar cuando vemos el nailon picado colgado en calles y plazuelas. Anteriormente, este adorno se elaboraba con papel de china; sin embargo, con la modernización se introdujo el nailon, un material mucho más resistente a la intemperie.
“El papel picado, como se conoce hoy día, se trabaja principalmente con papel de china y su origen se remonta a siglos atrás, desde la época prehispánica. Según los historiadores, los antiguos mexicas utilizaban el papel amate (hecho de corteza de árbol) para realizar ofrendas a sus dioses. En estos papeles se dibujaban y recortaban figuras simbólicas, por lo que se cree que a partir de ahí inició una tradición que después se fusionaría con las técnicas traídas desde Asia y Europa durante la colonia española.
Fue en el siglo XIX, con la llegada del papel de china traído de Oriente —un material de costo más económico—, que el papel picado se volvió más accesible. En San Salvador Huixcolotla, Puebla, los artesanos perfeccionaron la técnica del recorte a mano con cinceles, creando así verdaderas obras de arte que han pasado de generación en generación”. (Tradición es cultura, Eréndira Zavala C., 15 de julio de 2025).
Anteriormente, los integrantes de las juntas de festejos de los barrios se reunían con varias familias y allegados para picar el papel de china o el nailon. Invertían días o incluso meses antes de la fiesta. Armados con tijeras y mucho entusiasmo, se juntaban por las tardes en alguna casa o en la iglesia para preparar la decoración que engalanaría su fiesta patronal. A cada persona se le asignaba una tarea: a unos se les entregaba una cantidad de papel para picar, mientras que otros se encargaban de pegarlo o amarrarlo en el lazo, trabajando arduamente ya fuera en el patio de una casa o entre los jardines de la plazuela.
Así transcurrían los días hasta que llegaba el momento de colgarlos en las plazuelas, calles y avenidas. Algunos barrios, como Guadalupe, San Ramón y La Merced, lo hacen principalmente en su calle principal. En esta importante ocasión de convivencia vecinal nunca podía faltar la música de banda para alegrar el ambiente; curiosamente, son pocas las colonias de la periferia que adoptan esta decoración.
Es de recordar a aquellos vecinos del barrio de El Cerrillo (hoy ya fallecidos) que en noviembre adornaban también la alameda del Templo de Caridad. Hoy en día, los barrios de San Diego, Cuxtitali y Tlaxcala continúan con la tradición del picado. Sus habitantes aún se reúnen por las tardes, semanas antes de la celebración, para picar y colocar el nailon en los lazos.
Este adorno le da un toque característico a las fiestas patronales de los barrios en San Cristóbal de Las Casas, conviviendo en armonía con: los cohetes y la música de marimba, los vistosos arreglos florales y la juncia tirada en el suelo los dulces tradicionales y los antojitos que se venden en las plazuelas.
Desafortunadamente, este oficio va quedando en el recuerdo. Algunos barrios han optado por no adornar más que la plazuela principal, mientras que en otros lugares la costumbre ya se ha perdido. Esto se debe, en parte, a que al ser adornos de un solo uso, se considera que generan basura y contaminación, pues una vez que pasa la fiesta, los restos quedan abandonados ahí.
Por otro lado, a las nuevas generaciones ya no les interesa ni les llama la atención participar en las festividades de los barrios y colonias; son muy pocos los jóvenes que se involucran en esta actividad. Hoy todavía se puede observar a tíos, abuelos o vecinos que acuden puntuales cada año; sin embargo, algunos van falleciendo y van dejando vacíos difíciles de llenar. Ante el paso del tiempo, parece que solo queda en la nostalgia el recuerdo de aquellos momentos de entrañable convivencia familiar y vecinal.

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